K'inich Janahb' Pakal
Análisis sistémico
El que ha llegado a comprender los antiguos orígenes acabará por buscar las fuentes del porvenir y los nuevos orígenes.
Así hablaba Zaratustra Friedrich Nietzsche. Lo que lleva a la irreductible necesidad de una movilización de la sociedad civil mundial teniendo que definir una estrategia de acción global y local, estructurada en la arquitectura natural de las diferentes comunidades que conforman la población en las distintas regiones y países, mediante la incorporación de una economía ciudadana o comunitaria que procure la satisfacción oportuna de las necesidades básicas de cada comunidad, en apoyo a la economía capitalista, la cual no podría por sí sola soportar la emergencia ambiental a la que estamos ingresando (Caparrós, 2007).
La estrategia que la comunidad mundial puede emprender, será siguiendo los patrones cambiantes del clima, adaptarse a los nuevos territorios a que tenga que desplazarse para esquivar o superar los impactos climáticos y planificar oportunamente la producción capitalista y comunitaria de los satisfactores básicos para toda la población mundial, como los alimentos, los servicios de salud, habitación, educación, esparcimiento y socialización mediante eventos deportivos, culturales y de trabajo comunitario, etc. Para evitar ingobernabilidad y caos que pueden llegar a convertirse en guerras por el alimento y demás recursos.
Puesto que la devastación y contaminación antropogénicas de la naturaleza participan en el cambio climático global (IPCC,1995 y 2001) y (NASA, 2008), pueden ser partícipes en la generación de grandes cataclismos como una súbita glaciación (Hartmann, 2004), (Broecker, 2006) y (Crowley & Hyde, 2008); por lo que cabe la posibilidad de que no fuera la primera vez que a nuestra especie humana le sucedería, ya que el potencial destructivo del cambio climático mundial es capaz de llevar a los restos de la humanidad a empezar de nuevo su penoso camino constructor de civilizaciones.
Pudo entonces ya haber existido una civilización mundial de finales del Pleistoceno que padeció los cataclismos climáticos iniciados por el calentamiento global de hace 14 mil años (Clark et al, 2002). Por lo que este proyecto de investigación pretende reunir indicios geológicos, paleoclimáticos, arqueológicos, históricos y tecnológicos, que bajo la óptica de la Teoría general de sistemas aplicada a la Historia Universal, este conjunto de indicios constituya una evidencia científica para sostener esta conjetura. Aún no se han identificado evidencias arqueológicas directas porque aquella civilización pleistocénica pudo haber logrado un desarrollo tecnológico equivalente al de los tiempos de la Primera Guerra Mundial, antes del manejo de la energía atómica, y entonces sus vestigios no pudieron conservarse como los huesos y piedras de sus contemporáneos cazadores recolectores, similares a los que aún existían en las primeras décadas del siglo XX, además de que pudieron ser reutilizados hasta consumirlos por los sobrevivientes de las catástrofes climáticas.
En el Primer Coloquio sobre las dimensiones psicosociales del cambio ambiental global, realizado por la Facultad de Psicología de la UNAM y el Instituto Nacional de Ecología, la Lic. Tania Mijares García, del Centro Mexicano de Derecho Ambiental, expuso que las acciones de las sociedades actuales en el Medio Ambiente pueden considerarse patológicas, como cuando un individuo no considera a la sociedad en sus acciones de cada momento, lo que puede llevar a diagnósticos de enfermedad mental (Urbina y Martínez, 2006). Pero también dichas acciones podrían compararse con el comportamiento más general de un adolescente, que ya está en edad de iniciar una vida adulta y responsable. La madre de este adolescente o actual humanidad, por enseñanza de las culturas antiguas puede considerarse como la Madre Tierra, mientras que la identidad del padre, cuya primera interpretación han ofrecido las religiones mediante el concepto de Dios, puede aquí interpretarse en particular, de una manera más concreta, como aquella hipotética civilización pleistocénica.
Desde hace ya algunas décadas que en diversos países se han venido gestando iniciativas comunitarias de atención y solución a los problemas ambientales (Smyth, 2002), (Taveras, 2006), y su labor podrá fortalecerse, multiplicarse y unificarse mediante una visión humanista que consciente de la pasada existencia y desaparición de una civilización pleistocénica, así como de la influencia que sus sobrevivientes y descendientes tuvieron en la configuración de la Historia Universal, luche por la conservación y evolución de la actual civilización mundial.
Los factores externos del cambio climático global son las variaciones en la inclinación y orientación del eje terrestre, en la excentricidad de la órbita de la tierra alrededor del sol y la oscilación del plano de la eclíptica (Ji-feng et al, 2008), además de las variaciones periódicas de la radiación solar (Bruckman y Ramos, 2009), y los rayos cósmicos y mayores cuerpos astrales, mientras que los principales factores internos son la actividad volcánica, la circulación oceánica o termoalina (Knutti et al, 2004) y la actividad humana.
El calentamiento global de las últimas décadas ha provocado el deshielo gradual de glaciares y polos, contribuyendo con agua dulce y fría del Polo Norte a la Corriente del Atlántico Norte, mejor conocida como Corriente del Golfo, la que ya ha desviado una vertiente hacia el Polo acelerando su deshielo (Straneo et al, 2010). Esto puede llegar a impedir que dicha corriente siga suministrando calor a Europa y el Este de América del Norte, provocando un importante descenso en la temperatura que puede marcar el inicio de una nueva glaciación (Broecker, 2006).
Hacia 1990 Robert Schoch, geofísico doctorado en la Universidad de Yale en 1983, condujo una exploración geológica de la esfinge de Giza en Egipto, con la idea de estimar la antigüedad de la esfinge basándose en los patrones de erosión. Primeramente se observó que la erosión tanto en el cuerpo de la esfinge como en la pared del recinto que la rodea parece deberse a precipitaciones de agua de lluvia durante milenios de tormentas, pero las lluvias fuertes en ese lugar son algo más que esporádicas desde tiempos anteriores a la antigua civilización egipcia. (Schoch y McNally, 2003)
Utilizando tecnología tipo sonar para examinar el suelo de piedra caliza del recinto (que está cubierto de arena, y lo ha estado durante mucho tiempo), Schoch también determinó que el suelo había sido significativamente erosionado por acción atmosférica en la zona este (frontal), cuando se comparaba con el suelo oeste. Este tipo de erosión, que está causado por la exposición al aire (no a la lluvia) y que no puede evitarse por el cubrimiento de la arena (no importa cómo esté de profundo), ha sido utilizado ampliamente por los geólogos en el pasado para estimar las fechas de exposición de las rocas.
Es la diferencia relativa en este tipo de erosión por el viento la que es útil en estos casos. Schoch, sabiendo que la opinión generalizada es que la esfinge fue tallada por orden del faraón Kefrén alrededor del año 2500 AC, supuso que la parte trasera del suelo del recinto sería de esta época. Cálculos basados en el desgaste por acción del viento más intenso en el suelo del frente del recinto llevaron a Schoch a estimar que esta porción del recinto tenía que tener al menos 2000 años más de antigüedad y posiblemente 5000 años o más. Debido al hecho de que esa erosión por el viento normalmente no es lineal. Este período de tiempo se corresponde bien con el período húmedo en Giza, durante la que es llamada la Fase Húmeda Neolítica, que podría explicar el aparente tipo de erosión por riadas de lluvia. Esto significa que la Esfinge es mucho más antigua que las Pirámides, de las que sí se tienen datos históricos de su construcción. Pero a su vez el trazo del recinto de la Esfinge sigue el contorno de la calzada que va a la Pirámide de Kefrén, lo que implica que las Pirámides fueron construidas sobre las ruinas de otras edificaciones más antiguas, que junto con la Esfinge ya existían hace 9 500 años. Kefrén sólo habría ordenado tallar su rostro en la cabeza erosionada de la Esfinge. Esa desconocida cultura que esculpió la Esfinge de Giza, propiamente tendría que haber florecido durante el Younger Dryas o último enfriamiento de la glaciación, el cual en ninguna parte pudo haber durado más de 2 mil años, por lo que quizá el origen de dicha cultura habría que trasladarlo más hacia el pasado, hace más de 14 mil años, si no se pretende que se haya originado súbitamente dentro de los lapsos de mayor inestabilidad climática. Por otro lado, la generalidad de dataciones arqueológicas de antiguas construcciones de piedra sólo han podido hacerse en base a la desintregración de radioisótopos de Carbono de vestigios orgánicos encontrados en dichas construcciones, pero tales vestigios orgánicos pudieron haberse originado mucho tiempo después de realizadas tales construcciones. Y generalmente la acumulación estadística de dataciones arqueológicas de vestigios orgánicos adyacentes a ruinas de piedra, nunca dejará de ser muy escasa para poder hacer inferencias válidas, ya que la cantidad de vestigios orgánicos que llega a conservarse generalmente resulta despreciable con respecto a la población de seres vivos a la que perteneció, y a mayor antigüedad resulta más improbable poder identificar dichos vestigios por haberse pulverizado y diseminado. Por lo que la metodología arqueológica moderna no puede descartar científicamente teorías como la del austríaco Arthur Posnansky, que estudió durante los primeros 40 años del siglo XX la zona arqueológica de Tiahuanaco, Bolivia, asignándole una antigüedad de 15 mil años a. C. en base a argumentos de arqueo-astronomía. Según estudios del fotógrafo de yacimientos arqueológicos de sitios sagrados, Martin Gray, cuyas fotos han sido publicadas por National Geographics, las ruinas de Tiahuanaco fueron el centro sagrado de la región andina, referido por los antiguos mitos de la creación posterior a grandes cataclismos e inundaciones, como Taypikala (la roca del centro), desde ahí se dirigió Viracocha y sus colaboradores a los cuatro cuadrantes llevando civilización y paz. Tiahuanaco parece haberse construido en una antigua isla del Lago Titicaca, que hoy está convertida en una pequeña meseta a doce millas de las márgenes del Lago por efectos de su desecación. Como parte de sus estudios, Posnansky realizó medidas precisas de todas las estructuras de Tiahuanaco, lo que le permitió apreciar que la Plataforma de Kalasasaya tenía dispuestos sus pilares para la observación de la oblicuidad de la eclíptica (ángulo entre el plano de la órbita terrestre y el plano del ecuador) a partir de las posiciones del sol durante el año. Y determinó que en aquel tiempo tenía el valor de 23°8’48”, que según la ecuación de extrapolación recomendada por la Conferencia Internacional de Efemérides en París de 1911, correspondía al año 15450 a. de C. La metodología arqueológica a tendido a minimizar la diferencia entre el tiempo de datación de vestigios orgánicos y la construcción de edificios de piedra adyacentes, porque se han supuesto dentro de un proceso civilizador ascendente, pero en la suposición de que ya pudo haber existido una civilización pleistocénica, muchos yacimientos arqueológicos, particularmente los americanos, tendrían que verse bajo la nueva óptica de un proceso de civilización descendente, a favor de la expansión de la cultura occidental que según su mitología (Quetzalcóatl y Viracocha) estaban esperando para que viniera a reinar. Por lo que será necesario hacer una revisión de la cronología oficialmente establecida, en el caso de Tiahuanaco se le ubica a principios de la era cristiana por la semejanza de su alfarería e iconografía con la de otros yacimientos que han podido datarse directamente, ahora puede verse que esto no es más que un erróneo sentido común de los arqueólogos, no es una deducción lógica incuestionable y por lo tanto no es un conocimiento científico. El trabajo del reconocido prehistoriador y arqueólogo Gordon Childe, en la primera mitad del siglo XX, vino a ser una importante aproximación al pasado prehistórico mediante el concepto de progreso cultural, económico e industrial, a partir de la visión del materialismo dialéctico de Carlos Marx, que sistematizó la disciplina arqueológica y se mantiene vigente hasta el presente. Pero la incapacidad de respuesta que a tenido la actual civilización para revertir la amenaza global de una emergencia ambiental, lleva al cuestionamiento del modelo de desarrollo siempre ascendente de Gordon Childe, permitiendo proponer una siguiente aproximación al pasado prehistórico mediante la inclusión de una civilización pleistocénica que decayó a causa de los cataclismos climáticos del fin del Pleistoceno. De lo cual existen importantes indicios que pueden sistematizarse en una evidencia científica.
En el caso de Teotihuacan, México, el no quedar documentos históricos ni tradiciones orales, así como el que la representación mural de chinampas implica que estuvo rodeado por el entonces más extenso lago de Anáhuac, y el que no haya contado con ningún campo de juego de pelota, elemento cultural generalizado desde el 1200 a. C. por los olmecas, permite proponer la traslación del ocaso de Teotihuacan fechado actualmente durante el siglo VIII d. C., y todo el período Clásico Mesoamericano, 2 milenios atrás, considerando a Teotihuacan como una metrópoli de los olmecas, que habrían sido una confederación de varios pueblos, entre ellos los nahuas, mayas, zapotecos y totonacas, que por motivos religiosos habrían decidido emprender grandes peregrinaciones en busca de sus lugares de origen, que sus ancestros habrían abandonado al huir de pasados cataclismos ambientales.
Es realista suponer que las religiones mesiánicas de sacrificios humanos en Mesoamérica (Duverger, 1979), tuvieron su origen en el traumatismo de la población que padeció los cambios climáticos que marcaron el final del Pleistoceno, considerando que sus civilizaciones descendientes directas se han venido extinguiendo por medio de dichas religiones de ofrendas humanas y otras que han evolucionado de éstas, conforme se ha venido desarrollando la actual civilización mundial. Esto es muy coherente con lo que dice el documento de los Diálogos de Platón (Larroyo, 1979), al señalar que fueron sacerdotes egipcios (de la civilización en extinción que habría mantenido su tradición escrita desde tiempos del pleistoceno, por más de 10 mil años) quienes informaron a Solón (de la civilización en desarrollo que apenas iniciaba su tradición escrita) que la Atlántida se había hundido bajo el mar más de 9 mil años antes (más de 11500 años antes del presente). Quizá el único documento que existe hoy en día en México, que conserva esa tradición escrita de más de 10 mil años, en láminas a colores, sea la Historia de los Soles del Códice Vaticano, que maneja una cronología total de 18 mil años, utilizando un numeral llamado tzontli, que significa cuatrocientos, la segunda potencia de su sistema de numeración vigesimal, según los cronistas coloniales de dicho códice (Chavero, 1953). Este documento es una reproducción realizada por Fray Pedro de los Ríos, de un original rescatado de México Tenochtitlan (León Portilla, 1983), que habría de haberse encontrado en pésimo estado de conservación y hoy debe estar convertido en polvo. Sorprendentemente éste códice no hace ninguna referencia a un Quinto Sol, que habría sido la tesis cultural de pueblo mexica, ni su cronología tiene nada que ver con los periodos de 52 años que refieren otros códices que hablan de la Historia de los Soles. Si suponemos que dicha cronología de 18 mil años termina hacia el presente, haciendo coincidir su final con el fin del Calendario Maya (ya que los toltecas, antecesores de los mexicas, conquistaron y asimilaron a la cultura maya, teniendo además que ser culturas afines, puesto que compartían la misma religión de sacrificios humanos, como los mismos calendarios y el mismo sistema de numeración, aunque con diferentes idiomas y estilos artísticos), entonces nos refiere que hace 14 mil años, al final del primer sol o Sol de Agua, hubo grandes inundaciones marinas, lo cual coincide con los datos paleoclimáticos de un calentamiento global de hace 14 mil años (Clark et al, 2002). El final del segundo sol, o Sol de Viento, hace 10 mil años, coincide con las nevadas y ventiscas que habrían sido provocadas por la réplica en el Glaciar Wisconsiniano (Clayton et al, 2000) del Younger Dryas (último enfriamiento de la glaciación) y la llegada al Altiplano Mexicano del Hombre Asiático proveniente del Estrecho de Bering. El tercer sol, o Sol de Fuego, concuerda con la actividad de la Cordillera Neovolcánica de la primera mitad del Holoceno. (Nixon, 1982) Finalmente el cuarto sol, o Sol de Tierra, contiene simbología religiosa relativa a los sacrificios humanos (Garibay, 1999), aludiendo a una resurrección de los mártires, pero según la iconografía de dicha lámina, puede extrapolarse a los mártires de toda la Historia Universal y dar un sentido antropológico al dogma religioso de la Resurrección de la Carne como la repetición a nivel mundial del mestizaje cósmico o de todas las razas originado en el Medio Oriente, que Jesús de Nazaret habría llevado mediante el ideal nacionalista del pueblo hebreo de la esperanza de un Mesías a la proyección mundial que le dio el antiguo Imperio Romano. Que los nazis hallan sembrado la supuesta tumba del padre carnal de Jesús de Nazaret, no desmiente que éste haya sido un soldado romano, pues como en la generalidad de las invasiones militares a lo largo de la historia, durante lo opresión romana los soldados abusaban de las indefensas mujeres dando origen a hijos mestizos, que según la ley judía seguían siendo judíos, y por ello Jesús pudo contar con la protección de un padre adoptivo. Así que Cristo fue un líder natural de un pueblo mestizo que buscaba su emancipación, lo cual explica la universalidad de su nueva religión. Pero muchos niños nacidos de este modo no pudieron contar con un padre adoptivo y fueron reclutados por los esenios, judíos mestizos producto de las anteriores invasiones asiria, caldea, persa y griega, que encontraron en la práctica de la pobreza que habían heredado de su orfandad, un ascetismo religioso que influyó de manera decisiva en el cristianismo y su organización comunitaria antes de ser adoptado por Roma. La generalidad de los soldados del ejército romano no eran estrictamente romanos, sino de cualquier nación conquistada o vecina del imperio, incluyendo mercenarios, practicantes del culto a Mitra, al dios de la guerra y al Sol Invicto cada solsticio de invierno, entonces 25 de diciembre, de modo que el Imperio Romano tuvo que establecer oficialmente dicha celebración y finalmente la Iglesia Católica logró superponerle la celebración de la Navidad. Así que racialmente Jesucristo y los primeros cristianos eran más cercanos al pueblo palestino que al pueblo judío. Esto no contradice que Cristo haya tenido la tez blanca, lo cual provocó que el cristianismo llegara a direccionar las guerras europeas en un sólo sentido, que culminó con la retirada de los árabes de España y el apoyo de los Reyes Católicos a Cristóbal Colón en su empresa de buscar las Indias por el Atlántico. Bien dijo Cristo que no había venido a traer la paz, sino la espada (Mateo 10,34). Puede observarse en el comportamiento de Cristo que le interesa más ser el Mesías del mundo, que en aquel entonces se reducía al basto y pluriétnico Imperio Romano, que serlo únicamente del pueblo judío, lo cual es muy coherente con su origen mestizo, y por ello a la vez la nueva religión le quedó a la medida al gran imperio, teniendo que convertirse a ella oficialmente al cabo de tres siglos. Por su carácter guerrero Jesús de Nazaret fue “la verdadera Madre Virgen”, quien Dio a Luz al nuevo Dios que encarnó en él mismo. Esto se deduce del hecho de que el Cristianismo es una herencia cultural de las prehistóricas religiones mesiánicas de sacrificios humanos que existieron en el Medio Oriente, similares a las que existieron en México hace apenas cinco siglos, en las que la mayor jerarquía sacerdotal recibía el nombre de Cihuacóatl (mujer serpiente), como una serpiente de la falda de Coatlicue, la Madre Tierra, en la que el espíritu antiguo habría de engendrar al dios de la guerra Huitzilopochtli, que era personificado por el Tlatoani, rey o jefe guerrero, es decir, el Cihuacóatl era “la Madre Virgen que lo Daba a Luz”, ya que no había de por medio ninguna relación sexual y cuidaba de su labor de rey como una madre a su hijo, siendo su principal consejero. Pero los primeros tlatoanis mexicas tenochcas, Acamapichtli y Huitzilíhuitl, fueron sus propios cihuacóatls, es decir, al mismo tiempo Virgen Madre y Dios, igual que Jesucristo. El modelo de la “Lucha de clases” ha sido útil para explicar el desarrollo histórico pero no sirve para solucionar los problemas del presente ni para planificar el futuro, por su rigidez conceptual de dos polos opuestos e irreconciliables, lo cual puede superarse mediante su generalización al modelo de una “guerra evolutiva”, mediante la comprensión histórica de que la guerra viene evolucionando de su forma sangrienta a otras formas que involucran todo tipo de luchas no genocidas, así se ha hablado de guerras comerciales, políticas, ideológicas, económicas, deportivas, etc. La división en clases sociales pierde objetividad si se logra reducir la importancia material de sus diferencias, lo cual es factible mediante una organización estructural comunitaria de la sociedad. El plano mental del género humano es una dimensión del espacio real que debemos ponderar adecuadamente, buscando en ella la salida a la contradicción existencial del mundo moderno. Las creencias son parte medular del pensamiento humano y vienen ocupando un lugar preponderante en la evolución de nuestra especie, como disciplina la ciencia exige cuestionarlas y analizarlas, pero tomarlas por falsas de antemano resulta tan anticientífico como aceptarlas a priori, por lo que es necesario estudiarlas y ponerlas a prueba o ensayarlas convenientemente. Dicho plano mental puede identificarse como el espacio metafísico o espiritual aludido por las religiones, y entonces no resulta independiente y determinante de la realidad física como en el modelo platónico, sino más bien ambos coexisten en mutua dependencia y procreación. Puesto que el materialismo humano es lo que tiene ahora en jaque al futuro de su propia civilización, es necesario ampliar su visión al espacio físico espiritual, y la manera más óptima es retomando los elementos culturales creados por nuestros antepasados prehistóricos, que hemos heredado mediante nuestro proceso histórico, como son los dogmas de la resurrección de la carne y la reencarnación del espíritu, que dejan de ser contradictorios bajo la comprensión de que el primero se refiere a la consigna cumplida históricamente de la repetición del mestizaje cósmico o de todas las razas. El fundamento filosófico de estos conceptos religiosos es el eterno retorno a través del tiempo, fincado en la observación de la periodicidad de los fenómenos naturales, desde los fenómenos astronómicos hasta los fenómenos sociales, concluyendo que nuestra especie viene evolucionando en ciclos que no son idénticos pero sí semejantes, en los cuales viene reencarnando el espíritu humano que tampoco escapa a su evolución. Esta naturaleza cíclica del universo viene a ser su cualidad femenina, reflejada en el ciclo de fertilidad en la mujer, que tiende a coincidir con el ciclo de las fases de la luna, estableciendo una relación íntima entre el astro y el género femenino. Las grandes inundaciones marinas durante el calentamiento global de hace 14 mil años, que refiere la Historia de los Soles del Códice Vaticano, son coherentes con los más de 11500 años antes del presente que refieren los Diálogos de Platón para el hundimiento de la Atlántida, lo que sugiere que ésta pudo haber sido la propia América.
Puesto que el manto oceánico puede transmitir su presión por las dorsales o fronteras entre las placas tectónicas, el aumento de 20 metros en el nivel del mar (Clark et al, 2002), debió aumentar el empuje de Arquímedes en las placas continentales, que estarían menos pesadas por el deshielo de los glaciares, provocando cambios en las resultantes de las fuerzas del desplazamiento tectónico que habrían originado terremotos en algunas dorsales (Hunt and Malin, 1998), causando que la superficie del océano Atlántico se derramara sobre el continente americano en una cadena de gigantescos tsunamis, quedando América casi totalmente despoblada, como la encontraría posteriormente durante el último enfriamiento (Younger Dryas) el hombre asiático que llegó a través del Estrecho de Bering.
La civilización atlante pudo haber estado asentada a lo largo de lo que hoy es Latinoamérica, ya que la mayor parte de Norteamérica estaba cubierta por el Glaciar de Wisconsin, su principal metrópoli pudo haberse ubicado en donde posteriormente, ya en tiempos históricos, se ha conocido como el antiguo Lago de Anáhuac y hoy es la ciudad de México, lo que es señalado por la iconografía conmemorativa de la Teocracia de Tenoch en el Códice Mendocino, ya que concuerda con varios elementos del relato de los Diálogos de Platón (Larroyo, 1979).
Puede explicarse la participación en la Historia Universal de los descendientes de los sobrevivientes de aquella hecatombe climática por medio de sus religiones mesiánicas basadas en sacrificios humanos, como las que todavía prevalecían en el México Antiguo y las que dieron origen a religiones actuales como el Judaísmo, el Cristianismo, el Islam y el Budismo, que han constituido importantes directrices de nuestro desarrollo histórico.
El que oficialmente no se han encontrado evidencias arqueológicas que demuestren que América estaba poblada hace más de 14 mil años, no demuestra que estaba despoblada. Según los diálogos de Platón la Atlántida estaba a punto de ser vencida por los antepasados de los griegos cuando ocurrió la inundación marina, lo que concuerda en que la civilización era mundial, y que oficialmente no se identifiquen vestigios en ninguna parte del mundo es porque en su generalidad los investigadores han buscado vestigios de culturas mucho más recientes. Pero pueden rescatase los rasgos más importantes de la prehistoria a partir de sus consecuencias que deben poder identificarse en la historia, en la cultura y en el medio ambiente terrestre.
Aunque como disciplina su meta sea la búsqueda de objetividad, la ciencia lleva inherente un importante grado de subjetividad, ya que no puede desarrollarse más que mediante el consenso de comunidades científicas, que al crecer vienen generando las revisiones y modificaciones que demuestran dicha subjetividad. Con el establecimiento de la Teoría de la Evolución, en un afán crítico se empezó a gestar el actual dogma implícito de la ciencia de no aceptar ningún conocimiento del pasado que no tenga un fundamento arqueológico evidente. Dejando fuera del conocimiento a posibles realidades pretéritas, que por el simple azar de los tiempos no satisfagan el requisito de la evidencia arqueológica directa. Por una sobrevaloración de la inteligencia humana, se supone a priori que ésta no pudo haber alcanzado antes un nivel similar al presente, y ante cualquier nuevo hallazgo arqueológico, siempre se reduce al mínimo el tiempo anterior al fechamiento o datación del vestigio en que se pudo originar el desarrollo que lo produjo.
La subjetividad de la ciencia es dependiente de su historia, así la experiencia traumática de los mártires científicos de la Iglesia Católica durante el ejercicio de la Santa Inquisición, ha constituido un fundamento emocional y ético para instituir el dogma científico antes mencionado como única metodología para validar conocimientos prehistóricos, es decir, como única disciplina para continuar en la búsqueda de conocimientos objetivos del pasado olvidado de la humanidad. Pero no existe ninguna ley natural comprobada que garantice que todos los hechos del pasado han podido quedar registrados en vestigios que los arqueólogos puedan llegar a identificar, más bien, la percepción común de cómo fluye el tiempo en la vida cotidiana hace ver que la mayoría de los objetos, sujetos y sucesos del pasado van desapareciendo para siempre sin dejar vestigios tangibles que demuestren su pasada existencia.
Para que la metodología arqueológica deje de resultar dogmática, simplemente debe abrirse a la posibilidad de utilizar metodologías alternativas, con la sola condición de no contradecir los datos arqueológicos existentes y sin condicionarlas a su comprobación con dicho tipo de datos, por lo que estas metodologías podrían llagar a gestar teorías que contradigan algunas teorías antropológicas vigentes, pero con las cuales pueden coexistir en una dialéctica que facilite llegar a nuevos resultados sintetizadores.
Con esta visión global, no sólo geográfica, sino además histórica y prehistórica, podrá renacer el sentido de comunidad, desde el nivel regional hasta el nivel mundial, que permitirá una organización estructural en comunidades de diversos tamaños o niveles, capaz de resolver oportunamente grandes problemas como el ambiental. A partir de la generalización del modelo de la lucha de clases al de la guerra evolutiva, en la que los campos de batalla vienen dejando de ser fraticidas, podrán darse diferentes sinergias entre los diversos sectores de la sociedad, que harán las veces de catalizadores de la evolución social en una franca colaboración entre las partes.
Comprendiendo que la Historia Universal fue programada por los sobrevivientes y descendientes de la civilización mundial pleistocénica, por medio de prehistóricas religiones mesiánicas de sacrificios humanos, que provocaron que la humanidad histórica haya venido nutriéndose del sacrificio de antiguas civilizaciones, como un embrión que se ha venido alimentando del protoplasma del huevo. Pero la emergencia ambiental global a la que estamos ingresando, significa que este embrión ya debe nacer rompiendo su cascarón de sobre proteccionismos para pasar a su siguiente etapa de vida evitando el aborto.
Puede observarse que como resultado de las revoluciones sociales y procesos democráticos en las distintas naciones, sus gobernantes vienen asumiendo sus cargos como premio a favorables resultados electorales, confiriéndoles enormes salarios que además de causar malestar social, aceleran la carrera consumista de la sociedad, que es el factor humano que está llevando a la depredación y contaminación del medio ambiente a los niveles que influyen peligrosamente en el cambio climático. Por lo que para poder superar esta amenaza es necesario primero frenar la carrera consumista adoptando medidas como la supresión de salarios a los gobernantes, que al ser los principales líderes de cada nación, corresponde a ellos llevar la iniciativa en la solución al problema ambiental.
Más del 50% de los gobernantes en México, cuentan con empresas y otros ingresos que les permitirían prescindir sin mayor problema del salario gubernamental, el resto podrá dar admirables ejemplos de austeridad, sosteniéndose mediante la ayuda comunitaria de sus gobernados, en un país donde más del 50% de las familias vive con menos de un salario mínimo. La mayor participación ciudadana que permitirá la organización comunitaria, dará mayor transparencia a la gestión de los gobernantes, impidiendo que éstos puedan actuar por sobornos para obtener algún dinero. En el caso de los legisladores que llegan a utilizar parte de su salario en la satisfacción de algunas demandas de sus representados, se las ingeniarán para que mediante la vía comunitaria puedan satisfacer incluso a un número mucho mayor de ciudadanos.
Es necesario que gobernar deje de ser un medio más para enriquecerse, para poder cumplir con la responsabilidad que este ejercicio requiere actualmente de resolver la problemática socio-ambiental. Esto terminaría con la guerra sucia entre partidos políticos, que llega a tomar proporciones de una guerra civil, entonces los partidos políticos podrán dirigir sus energías y recursos a labores sociales más productivas mediante la organización comunitaria, ya que también tendrán que dejar de percibir subsidios gubernamentales. Estas medidas a su vez darán gran impulso al desarrollo comunitario en todos los ámbitos sociales.
Naturalmente los gobernantes se resistirán a dejar de percibir salarios, y la sociedad civil tendrá que buscar los argumentos y medios necesarios para obligarlos. Así como los altos salarios de los gobernantes aceleran la carrera consumista, igualmente motivan el aumento de la delincuencia organizada, de la cual resultan ser los verdaderos líderes morales, y no del pueblo honrado y trabajador. Para que los gobernantes puedan ser admirados y reconocidos por la generalidad de la sociedad civil, y se conviertan en auténticas autoridades morales cuyas disposiciones sean obedecidas con entusiasmo por las distintas comunidades, requieren practicar una verdadera nobleza que en particular renuncie a recibir un salario, lo que significa que su cargo de gobernar sea voluntario, es decir, comunitario.
Puesto que las cuotas de los padres de familia en las escuelas públicas se manejan como voluntarias, en realidad la educación pública no es gratuita, sino comunitaria, ya que la colaboración comunitaria se basa en la participación voluntaria de cada individuo. Resultando necesario actualizar esta realidad en la legislación para que los padres de familia puedan tener mayor voz y voto en la dirección de las escuelas de sus hijos y la educación pública pueda competir con la privada mediante la mayor participación de los padres de familia, que en cada escuela decidirán los aumentos en clases de lenguas extranjeras, manejo de tecnologías y actividades artísticas y comunitarias, las cuales tendrán que ser apoyadas por los maestros y autoridades educativas.
La organización comunitaria permitirá que la población económicamente activa que se encuentre desempleada, es decir, sin recibir ningún salario, pueda satisfacer las necesidades básicas de su familia participando en las labores comunitarias de las distintas comunidades en que se desenvuelva. Para que el capital sea utilizado solamente para el desarrollo social, y no para manejos autoritarios e ilícitos, habrá que tomar medidas como la abolición de las cuotas obligatorias a los sindicatos, es decir, que éstas también sean voluntarias.
Puede observarse históricamente que el sistema capitalista se ha desarrollado rápidamente cuando se ha mantenido en un ambiente comunitario proporcionalmente importante, pero al crecer el capitalismo se reduce la economía comunitaria, y cuando ésta llega a ser mínima es cuando el capitalismo entra en un proceso de crisis recurrentes, luego entonces hay que buscar un estado estable en una proporción óptima de ambos sistemas para superar de manera definitiva las crisis económicas y poder implementar un programa de autosuficiencia social y reconstrucción ambiental.
La economía comunitaria o del bien común, pondera las necesidades básicas de cada persona sobre las que pueden resultar superfluas y limiten la satisfacción de las necesidades básicas de toda la comunidad. Así mismo convoca a la participación común, según la capacidad de cada persona, en la satisfacción de las necesidades comunes e individuales. Permitiendo llegar a sustituir el uso del dinero por una política común para la realización de intercambios y distribución de los satisfactores, que a veces llega a requerir ser regulada por la jerarquización de los participantes.
En situaciones en que la naturaleza parece comportarse como “el cuerno de la abundancia” y se cuenta con el potencial económico individual que ofrece el capitalismo, cualquier sueño o ideal personal puede romper con los compromisos de una comunidad como muy válido ejercicio de la pretendida libertad del espíritu humano, por lo que la natural y ancestral economía comunitaria ha venido siendo reemplazada por el desarrollo económico moderno, pero cuando la naturaleza parece querer cobrar la factura por su sobreexplotación indiscriminada, los sueños e ideales individuales se vuelcan sobre el afán de la supervivencia propia y de sus comunidades, convirtiendo a la economía comunitaria en la mejor opción para salir adelante de cualquier situación de emergencia ambiental, como ha resultado durante las guerras o al término de éstas para la reconstrucción de las naciones (Abad et al, 1986), lo que hace necesario incrustar a la economía comunitaria en el actual sistema capitalista para mantener el orden establecido como resultado de más de 20 siglos de historia.
La política común de intercambio y distribución de la economía comunitaria, que en la práctica es una forma de papel moneda intangible, generalmente se ha basado a lo largo de la historia en una ideología trascendental, como las diversas tradiciones religiosas, pero también se ha llegado a basar en ideologías materialistas como el comunismo marxista del siglo XX, o actualmente en simples políticas como el anarquismo, el ambientalismo, el temor del agotamiento del petróleo, el colapso financiero y la crisis alimentaria mundial, que abogan por un retorno a las economías de escala local (Del Río, 2009).
A últimos tiempos se viene considerando al Descubrimiento de América como el inicio del Renacimiento, pero si se quiere definir a partir del inicio del capitalismo, hay que ir más atrás que la invención de la imprenta y la toma de Constantinopla por los turcos, por lo menos al inicio del antiguo Imperio Otomano en 1299, ya que fueron los árabes quienes impulsaron en Europa el arte del comercio y los negocios o empresas, la industria de la construcción de carabelas y la navegación (amarre.com), que encontraron tierra fértil en la tradición comunitaria de la Edad Media.
En construcción . . .
© 2010 M. C. Jesús Morfín Garduño.
e-mail: morfin@live.com